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Un viaje de saberes

El enano de la catedral

Se cuenta que hace mucho tiempo en la Venezuela del siglo XVIII, frecuentaba la playa mayor ( Hoy plaza Bolívar de Caracas) un hombre con una estatura al que solo le cabía el adjetivo de enano. Le gustaba ir desde temprano para ver lo nuevo en el mercado y sobre todo las novedades traídas del viejo continente, pues en esa época, la plaza mayor era el centro del comercio y uno que otro pronunciamiento oficial.

Su presencia no gustaba mucho a los colonos, pues consideraban su estatura y sus facciones irregulares típicas del enanismos como cosa del diablo.

En una oportunidad quiso preguntarle a una mujer a la que se encontraba a su lado sobre alcanzarle un libro que quería ver, la mujer pensando que “aquello” quería insinuarsele la mujer solo se negó sin siquiera escucharchar su pregunta completa mientras rápidamente lo insultaba por aquel “atrevimiento”.

Su pareja que se encontraba a su lado solo empeoro la situación y lejos de tratar de medir palabra con el hombre solo siguió la corriente de la mujer. El escandalo escalo a tal manera que varias personas se dispusieron a tirarle piedras al enano y a perseguirlo.

Corrió tan rápido como pudo llegando a la entrada de la catedral y escondiéndose adentro.

En ese momento le explico la situación al párroco, este le dijo que podía quedarse tanto como quisiera pero que a cambia le ayudaría con el mantenimiento de la catedral.

El tiempo paso pero el hombrecito nunca abandono la catedral falleciendo una oscura noche de luna nueva, su cuerpo fue velado e incinerado por el párroco que había sucedido al que lo recibió.

A pesar de los años su alma aun estaba ahogada en dolor y cólera por el mal trato que recibió de los colonos, por lo que su espiritud se negó a irse de este mundo.

Fue después de la guerra de independencia cuando su fantasma se empezó a ver a eso de las medianoche parado enfrente de la catedral pidiendo “fuego” para su tabaco.

Ante las reiteradas relatos de personas que afirman haberlo visto siempre recomiendan: NO LE DES FUEGO AL ENANO

Relato del enano de la catedral de Caracas

Juan era un hombre de buen vestir que gustaba siempre de las compañías de las damas, una noche, resolvió en salir tarde para así escabullirse al cuarto de una amante, aquella noche de enero parecía especialmente fría, tomaba un tanto de Ron para poder calentarse mientras iba a paso acelerado casi de trote.

Casi había atravesado la plaza mayor cuando escucho un ruido detrás de si, como rayo atravesó su mente el relato de el enano de la catedral que le contaba su abuelo cuando era niño, pero en sus adentros tenia la duda, al voltear vio que se trataba solo de un perro callejero.

-Maldito perro, mira que asustarme así, JAJA fantasmas que tontería- decía

Con un gesto de brusquedad corría al animal sin este hacerle mucho caso, al querer retomar su camino se dio cuenta como un niño que estaba al lado de la puerta principal de la catedral lo saludaba, haciendo un ademan para que se le acercara, el hombre, aunque tenia un tanto de prisa sintió curiosidad de lo que podría estar haciendo un niño a aquellas horas.

Al acercarse se dio cuenta para su sorpresa de que no se trataba de un niño, sino de un hombre de muy baja estatura que tenia rasgos un tanto típicas del enanismo.

-Buenas noches buena hombre, pronuncio el hombre con voz fina y afable.

-Buenas noches reposito de vuelta el hombre de finos ropajes.

Perdone usted que le pida esto tan de repente pero no tendrá de casualidad un fósforo con el que encender mi tabaco en esta fría noche de enero.

El hombre sin pensarlo mucho y olvidando completamente el relato absorbido por la situación, afirmo con la cabeza y buscando en su chaqueta saco una caja de fósforo con el que encendió el tabaco del enano.

Después de esto, una ligara niebla empezaba a circular por el lugar, una vez cumplido aquello el hombre se preparaba para irse cuando el enano al terminar de exhalar su primera bocana dijo:

-Gracias por el fuego, ahora déjame enseñarte el fuego del infierno.

Rompió el silencio en una violenta carcajada que dejaba ver los unos anormales colmillos,

Tropezó con su pasos al tratar de retroceder, por la espalda del hombre empezó a recorrer un frió y su corazón se aceleraba de manera anormal. Pero su horror no había terminado, porque el enano empezó a crecer con cada segundo que pasaba hasta llegar a el tamaño de la mismísima catedral, los ojos del enano eran dos cuencas de fuego y su desagradable sonrisa lucia aun peor engrandecida.

El hombre tenia los ojos que se salían de sus órbitas quiso gritar pero su respiración eran tan rápida que no le permitía ni musitar palabra alguna.

No habían pasado ni 1 minuto desde que el enano se convirtió en aquel gigante cuando el ahora desliñado caballero cayo desplomado.

El enano aun continuaba riendose y como si de una broma finalizada se tratara, volvio progresivamente a su tamaño original, al hacerlo miro por unos instantes al hombre tirado en el suelo y depues de soltar una pequeña risa, desaparecio.

Al día siguiente el hombre fue encontrado por un empleado de una panadería cercana que se alistaba para su jornada desde muy temprano, el hombre fue identificado y llevado a su casa, a pesar de los intentos de familiares y amigos porque explicara lo sucedido ademas de reincorporarse a su vida cotidiana, el hombre no quiso hablar de nada de lo sucedido y al tiempo pudo de nuevo hacer su vida. Se disculpo con la mujer a la que iba a visitar aquella noche y se juro a si mismo jamas estar tan tarde en la calle y mucho menos frente a la catedral de caracas.

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